Cairn y la catarsis del control

Una batalla contra la montaña y contra una misma

Después de seis años desde la publicación de Haven, el estudio francés The Game Bakers regresa con Cairn, una aventura de supervivencia y gestión de recursos que abraza el género de la escalada (si es que podemos considerarlo como tal), pero que, de nuevo, repite la narrativa de la huída, un tema recurrente en los trabajos del estudio. Cairn guarda algunas semejanzas con Jusant, la bella aventura de Don’t Nod, sobre todo en el talante meditativo y en la configuración de la montaña como vestigio narrativo, pero mientras Jusant planteaba la escalada como una experiencia fluida y estética, Cairn la configura como una batalla estratégica. Encarnando el rol de Aava, una famosa escaladora, debemos afrontar su reto más grande hasta la fecha: coronar el monte Kami, cuya cima permanece invicta. Escalada, supervivencia, gestión de recursos y elegir cuidadosamente la ruta más óptima son elementos centrales del juego de The Game Bakers, pero, además de eso, Cairn es una experiencia fundamentalmente física y sensorial. 

En primer lugar, el ascenso es un ejercicio eminentemente físico y en estrecho contacto con la roca, con cada grieta o saliente de la superficie de la montaña. Extender primero la mano izquierda, luego asegurar el pie derecho desplazando ligeramente el peso del cuerpo para no perder el equilibrio y por último impulsarse hacia arriba para ganar un poquito de terreno a una gigantesca pared vertical cuya cima no alcanza la vista son los elementos mínimos del desplazamiento en vertical. Cada palmo de terreno ganado a la montaña es un forcejeo, una batalla, pero también un delicado intercambio corporal entre Aava y la roca. También los tramos a pie, que Aava recorre lentamente, en parte por el peso de la mochila, en parte para reservar las energías para la escalada, nos mantienen en un estrecho contacto con la montaña. Un contacto íntimo y silencioso en el que no hay lugar para la prisa o la desatención. 

En segundo lugar, la experiencia física de la escalada es indivisible de la experiencia sensorial, de todos esos elementos con los que el juego comunica la información que necesitamos, únicamente mediante animaciones, sonido y vibración. En Cairn no existen barras de indicadores de estado, existen señales corporales que tenemos que observar, interpretar y aprender a anticipar, algo que favorece una conexión íntima con Aava y, a través de ella, de nosotras mismas con la propia montaña. Y aunque a veces estas señales sean confusas o no entendamos qué estamos haciendo mal, aunque existan momentos de descontrol e incertidumbre, hemos de asumir que son inevitables. Porque así funcionan los cuerpos, la naturaleza, la vida. 

La montaña también tiene una historia que contar. Es el lugar en el que transcurre el viaje de Aava, pero también es una entidad, un vestigio, un testigo mudo de su propia historia. A medida que ascendemos vamos encontrando restos de teleféricos, estaciones abandonadas y máquinas expendedoras estropeadas, basura, folletos rasgados y accesorios de escalada tirados por doquier. Y cadáveres. Todo esto nos dice que los turistas y escaladores proliferaron por el monte Kami en algún momento más o menos reciente, pero ya no están allí. Probablemente las empresas que promocionaban excursiones por la zona dejaron de hacerlo cuando comprobaron que era poco rentable, que los accidentes y las muertes eran inevitables, que la montaña se resistía. En zonas más escondidas, restos de raves clandestinas organizadas por algunos temerarios. Más arriba descubrimos un estrato más antiguo de su historia, los vestigios de sus pobladores trogloditas cuyos testimonios dan cuenta de sus motivos para marcharse. También algunos locos, personajes extraños que aún resisten y persisten en algún empeño irracional y solitario, tanto como el de la propia Aava. Este relato mudo del monte Kami también sirve para desvelar poco a poco que la obsesión de Aava por conquistarlo quizá no responde a un acto de valentía y a un afán de superación, sino a alguna otra pulsión más recóndita.

El control como catarsis. La pérdida de control como liberación 

Como persona con ansiedad, pocas cosas me provocan tanto malestar psicológico como todo aquello que no puedo controlar, lo imprevisible, lo incierto; el simple hecho de vivir. Como persona con ansiedad, experimentaba una especie de catarsis cada vez que conseguía superar una pared a la perfección; cada vez que, paso a paso, muy despacio y sin perder la calma ni la concentración, conseguía ascender un tramo de manera perfectamente controlada, especialmente si tenemos en cuenta que lo hacía en un entorno hostil y sujeto a variables impredecibles. Como persona con ansiedad, sentir que tengo control sobre algo es una fuente de bienestar y de alivio. No es algo bueno, pero así funciona. Poco a poco empecé a darme cuenta de que Cairn trata precisamente sobre eso, y de que a Aava, por la que sentía una animadversión que no podía explicar, le pasaba lo mismo que a mí. Porque Cairn va sobre la necesidad de control y el miedo que provoca la pérdida del mismo. El de Aava no es un viaje heroico o inspirador, es una travesía evitativa y autodestructiva. 

A medida que avanzamos en la ascensión del monte Kami vamos descubriendo algunas pinceladas de la vida de Aava por medio de los mensajes que recibe de su pareja o su representante. Su pareja necesita saber cómo está, pero también necesita respuestas sobre los motivos que la han llevado a marcharse. Su representante le pide insistentemente que documente su expedición para los medios. Aava reacciona a estas comunicaciones con gestos de molestia, con tensos silencios o arrebatos de ira. Nunca responde a los mensajes. Quizá está huyendo de algo. Quizá hay cosas en su vida que no quiere o no puede afrontar. El viaje de Aava es una huída, una necesidad irracional de dejar atrás todo aquello que no es capaz de gestionar para refugiarse en algo que siente suyo y que escapa a la incertidumbre en tanto solo existen dos posibilidades: o coronar la cima, o morir en el intento. 

Lo que la montaña te da, la montaña te lo quita. Durante la ascensión todo está bien medido para entregarte lo que necesitas si sabes donde mirar, pero también es cierto que hay margen de riesgo si tomamos malas decisiones o nos apresuramos a la hora de elegir una determinada ruta. Desviarse del camino marcado o tomar la ruta menos evidente puede recompensarnos con secretos, items especiales y más suministros, pero también perderemos buena parte de nuestros recursos por el camino. Cualquier paso en falso, ya sea en la escalada en sí o en cuanto a las decisiones que tomamos, tiene un ratio de riesgo/recompensa imprevisible. 

Este equilibrio, central en el desarrollo de la aventura, también se alinea con el tema del control y la pérdida del mismo que atraviesa la propuesta y el propio viaje interno de Aava. En el monte Kami, pero también fuera de él, en cualquier otra parte, es importante entender que la incertidumbre no es mala ni buena, sino una oportunidad de que ocurran cosas o de que no pase nada en absoluto. Aunque no podamos desprendernos tan fácilmente de todo ese cúmulo de expectativas y ansiedades, sí que podemos no prestarle tanta atención y tratar de entender que la incertidumbre puede tener consecuencias positivas, también negativas, pero no más que las consecuencias de vivir atenazada por ella. Vivir no debería ser una lucha constante contra nuestros propios miedos, hay que aprender a abrazar lo imprevisible porque cuando llegue seguramente lidiaremos con ello mejor de lo que creíamos.

Cuando Aava está cerca de coronar la cima hay varias decisiones que puede tomar, pero en ese punto el destino final de su viaje parece inevitable. Da igual que regrese, da igual que corte o no los lazos con lo único que la mantiene en contacto con los suyos, con algo que supuestamente le importa. En su empeño por tomar el control de lo que cree que debe hacer, acaba cediendo toda su agencia a una fuerza autodestructiva que, ésta sí, la controla a ella por completo. En Cairn no hay moraleja ni moralinas. Es un viaje hermoso, complicado y aterrador y el relato de una batalla contra una montaña y contra una misma.

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